Perdidas electricas en honduras

En Honduras hemos cometido durante años un error conceptual al analizar la situación de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE): medir su problema principal en % y no en dinero.

Se ha normalizado hablar de pérdidas superiores al 30% como si se tratara de una estadística crónica. Durante años se repitió que cada punto porcentual equivalía aproximadamente a 20 millones de dólares. Y así, el debate público quedó atrapado en variaciones de 2%, 3% o 4%, sin dimensionar su verdadero impacto financiero

Sin embargo, entre 2022 y 2025 ocurrió algo revelador: el % de pérdidas fue mayor en 2022 que en 2025, pero el monto total de energía pérdida en kWh fue mayor en 2025. Y como el costo del kWh fue más alto en ese período, el impacto financiero total resultó considerablemente mayor.

Este fenómeno no es político. Es matemático.

El daño económico de una empresa no depende únicamente del porcentaje de pérdidas, sino de 5 variables fundamentales:

  1. El % de energía no facturada.

  2. El volumen total de energía entregada al sistema.

  3. El costo variable por unidad (kWh)

  4. El porcentaie de pérdidas técnicas y no técnicas.

  5. El porcentaie de pérdidas autorizado a ser cobrado vía tarifa por el regulador.

Si el volumen total aumenta y el costo por unidad aumenta, el impacto financiero puede crecer incluso si el porcentaje baja

Desde una perspectiva estrictamente empresarial --que es la que debe aplicarse a cualquier entidad que compra y vende energía- las pérdidas eléctricas deben tratarse como un costo variable: costo unitario multiplicado por la cantidad de energía entregada pero no facturada. Esa es la fórmula que determina el verdadero impacto sobre la sostenibilidad financiera.

Algunos argumentarán que el porcentaie es el indicador estándar internacional. Y es cierto: sirve como métrica operativa para medir eficiencia relativa. Pero no mide e impacto fiscal ni el flujo de caja. Una empresa no quiebra por un porcentaje; quiebra porque no cubre sus costos,

Otros señalarán que debe diferenciarse entre pérdidas técnicas y no técnicas. También es correcto desde el diseño de política pública. Pero financieramente ambas afectan el mismo resultado: ingresos que no se perciben por energía ya comprada o generada,

Regulatoriamente, la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica permite trasladar hasta un 15% de pérdidas a la tarifa Precisamente por eso el problema real no es solo el porcentaje total, sino el diferencial entre las pérdidas reales y las reconocidas en tarifa. Ese diferencial se convierte en presión sobre deuda, subsidios o futuros ajustes tarifarios.,

La realidad es simple: no es lo mismo perder 30% de 1,000 unidades a un costo de $1 que perder 30% de 2,000 unidades a un costo de $2

Si queremos una discusión seria sobre la ENEE, debemos abandonar la comodidad estadística y comenzar a hablar en términos de costos reales

Porque el sistema eléctrico no se sostiene con porcentajes; se sostiene con flujo de caja.


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